Al llegar a casa ya solo quedaba preparar mi humilde morada para que Dani ocupase su gran cama en el suelo que, a pesar de no parecerlo, no era del todo incómoda.
Al día siguiente dormimos hasta tarde. A decir verdad Dani durmió hasta reventar ya que venía de pasar la noche en Londres-Stansted y ya se sabe que eso de dormir en el suelo a veces no funciona. Después de comer, nos bajamos un ratillo a dar un paseo por en centro antes de quedar para tomar unas copas con los amigos. Así, empezamos nuestro tour yendo a la fortaleza desde la cual se pueden admirar unas bonitas vistas de la ciudad, aunque el día no acompañó demasiado.
Después, seguimos nuestro camino hacia el centro por la acogedora calle Ovre Baklandett donde nos encontramos con el famoso "ascensor de bicicletas" que ayuda a los ciclistas a subir una pronunciada cuesta que en invierno, debido al hielo, es cuanto menos divertida de subir.
Una vez ahí, aprovechamos para cruzar el canal por el famoso puente viejo de la ciudad (se puede ver en la primera imagen de esta entrada), dar una vuelta por las calles peatonales del centro y de ahí dirigirnos a la plaza de Olav.
Pensando en volver a casa ya que aquí el tema botellón empieza antes que en España (digamos que aquí para salir, sustituimos el café por el botellón ya que a las doce más o menos vamos ya a los pubs), pensamos en coger el autobús de vuelta a Moholt Studentby (la residencia universitaria donde vivo) en una parada cercana a la famosa catedral de Trondheim y así aprovechar para verla.
Habiendo cumplido con los deberes turísticos, volvimos a casa a arreglarnos un poquito, tomar unas copas y salir de fiesta como buen viernes noche, pero eso vendrá más adelante.